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Sorprendidos

Escrito por Paco Sánchez
31 de mayo de 2014 a las 9:17h

Me sorprende la sorpresa con la que se han recibido en tantos ámbitos los resultados electorales. No sé qué esperaban. Resultaba difícil imaginar un final diferente para unas elecciones como estas y en la situación histórica que atravesamos: con tanta gente sufriendo sin entender, porque no hay líderes que se lo expliquen ni soporte cultural para asimilarlo. Después de la sorpresa llegó el ataque: el sistema se vuelve contra los antisistema y los mismos opinadores que no supieron verlos venir arremeten contra ellos. Les acusan de populistas y demagogos, de que no tienen programa o de que el que tienen les parece extremista e inaplicable. Puede. Me parece, sin embargo, que no encarnan el peligro, sino la oportunidad. Pero temo que no sepamos aprovecharla.

Ojalá Alemania y sus aliados se den cuenta de que deben acelerar ya las imprescindibles reformas de la UE, en vez de insistir tanto en los reformas de los Estados, o llegará un momento en que, aunque quieran, no tendrán votos para hacerlo. Más aún, corremos el riesgo de que se pierdan los efectos positivos de una política económica durísima y discutible que, encima, habremos sufrido en vano.

El mismo peligro acecha en los escenarios nacionales, donde se añade la tentación de que algunos intenten recuperar los millones de votos perdidos por el camino de la emulación fácil de los antisistema. Es decir, copiando lo que tienen de demagógico en vez de asumir lo que tienen de razón. El resultado sería fácil de prever: no lo conseguirían, acentuarían la división polarizadora, el descontento… Y todo eso, con las manos atadas por eslóganes que les impedirían cualquier acción de gobierno mínimamente eficaz.

Publicado en La Voz de Galicia, 31.mayo.2014

Ya pasó, ya pasó

Escrito por Paco Sánchez
24 de mayo de 2014 a las 8:59h

Terminó la campaña. Hay consenso en torno a un punto: hemos perdido otra oportunidad para debatir públicamente asuntos que deberían preocuparnos, porque estamos en medio de una crisis que afecta a muchísima gente y justo en esos ríos revueltos pescan de maravilla los extremistas, tanto de derecha como de izquierda. Por aquí podemos tener la percepción de que la extrema izquierda encarna más y mejor que nadie las ideas contrarias a la globalización y, como consecuencia, a la Unión Europea, pero la verdad es que las abanderan con mucha más eficacia Le Pen y los demás partidos nacionalistas de derecha que proliferan en Europa con tamaño creciente: Suiza, Hungría, Suecia, el propio Reino Unido…

La crisis alimenta estos grupos, pero no solo ella. También los engorda el deterioro de las instituciones y la renuncia a la identidad histórica europea, que es fuerte y capaz de aunar, pese a todo, países con personalidades nacionales forjadas a través de los siglos, pero en torno a unos valores comunes ahora menguantes. La crisis y la falta de identidad generan respuestas fáciles, inmorales e inmaduras, ya experimentadas en las crisis previas a las dos grandes guerras: exclusión de los otros -judíos, gitanos, musulmanes, emigrantes y, en general, quienes sostengan ideas distintas-; populismo feroz, elemental y sensiblero, potenciado hoy por las nuevas formas de comunicación; y por fin, la violencia física.

Empiezan a no bastar los trucos de las leyes electorales de posguerra -segundas vueltas y demás-, para filtrar la llegada de estos partidos a la representación política y al poder, con gran riesgo para Europa y para la democracia. Pero aquí, el debate quedó en una frasecita.

Publicado en La Voz de Galicia, 24.mayo.2014

Más gallego/s

Escrito por Paco Sánchez
17 de mayo de 2014 a las 10:11h

Las lenguas viven en los hablantes y tienen el vigor que los hablantes tengan. Sin hablantes, las lenguas se dislocan y disuelven, desaparecen convertidas en lenguas muertas, petrificadas, que resultan muy aptas para lo que ahora llaman branding, es decir, para la difícil tarea de componer nombres de marca no registrados, de modo que proliferan empresas y productos con falsos nombres latinos o griegos que parecen sacados de Astérix. Algunas lenguas muertas también se prestan de maravilla al uso litúrgico, tan importante para la unidad de las creencias.

En el año 2000 me invitaron a intervenir en un encuentro sobre diversidad cultural y comunicación. Acababa de regresar a Galicia después de mucho tiempo fuera. Dije de pasada que la pervivencia cultural y lingüística dependía de la potencia de cada cultura y no solo en términos de historia y músculo intelectual, sino también de fuerza demográfica y económica. Hubo quien encontró sacrílega semejante obviedad, pero la primera condición para que el gallego crezca es, muy evidentemente, que crezca el número de gallegos. Entonces, hace solo catorce años, no éramos tan conscientes de lo que ahora llamamos el problema demográfico. Y había elementos culturales -una paradójica superpoblación de malthusianos- que machacaban a quien osara mentar el asunto, pese a que ya en 1987 el Gobierno catalán festejaba con una campaña institucional haber alcanzado los seis millones de habitantes. Pujol sabía que aquello era bueno para el catalán y bueno para el número de escaños que Cataluña aporta al Congreso. El presidente de la Real Academia Galega dice que hay que mocear en galego. Bien. Quizá en las ciudades ya se haga más que nunca. El problema es que van quedando menos mozos.

Publicado en La Voz de Galicia, 17.mayo.2014

Muy raro todo

Escrito por Paco Sánchez
10 de mayo de 2014 a las 8:41h

La sobredosis de información, especialmente cuando es de baja calidad, puede resultar más dañina para el cerebro que la de drogas. Quien se expone demasiado y carece de sentido crítico, acaba peor que loco. No me refiero ahora al modo simplista de contar crisis complejas como las de Ucrania o Siria, donde Al Asad, finalmente, está ganando su guerra y riéndose de la yerma primavera árabe. Me refiero a dos acontecimientos inexplicables: la desaparición del avión hace dos meses y el secuestro de las trescientas cincuenta niñas nigerianas hace cuatro semanas.

De las niñas no se sabe la identidad ni nadie ha publicado sus fotografías, ni siquiera de las casi cincuenta -imagínenlo- que consiguieron escapar de la selva. Se sabe, sin embargo, que entre las secuestradas no estaban las hijas del director de la escuela -por cierto, cerrada por razones de seguridad hasta unos días antes- ni las de ninguno de los profesores. De los secuestradores tampoco se sabe gran cosa: un nombre absurdo y la cara, que nadie acierta a identificar, del supuesto líder que reivindicó la barbaridad en YouTube. Todo esto y más se lo leí ayer a un periodista nigeriano. Podría proceder ahora a repartir culpas. Como en el caso del avión que seguimos buscando, justo cuando parecía que había más satélites que personas, justo en la época en que despegan dos cazas en cuanto se produce la más mínima alteración de un plan de vuelo. Pero cuando ya me disponía a repartir las culpas, leí que dos burdeles de Lugo generaron tres millones de beneficios en tres años y pensé que las culpas ya están suficientemente repartidas.

Publicado en La Voz de Galicia, 10.mayo.2014

Wikipédicos

Escrito por Paco Sánchez
3 de mayo de 2014 a las 8:43h

La idea de una gran enciclopedia abierta a todos los asuntos y escrita por quien quiera parece, de entrada, muy atractiva: una especie de democratización de la verdad. El único problema radica en que la verdad no es democrática, porque si depende de mayorías dependerá también de quién controle las mayorías. Se ve en la Wikipedia, convertida en sinónimo de lo dudoso o inseguro, de lo no fiable. Los profesores alertan a sus alumnos para que huyan de ella o sospechen de sus contenidos, pero sus entradas suelen figurar entre las primeras que devuelve cualquier buscador y… ahí caen muchos estudiantes y no pocos periodistas, razón por la que entre las decenas de miles de editores de la Wikipedia escasean los expertos y abundan quienes trabajan para las agencias de relaciones públicas, los gabinetes de los políticos y los asesores de los lobbies empresariales o ideológicos.

Hace años quise arreglar una página disparatada sobre algo que conocía bien. Introduje datos reales en lugar de los inventados y empeoré las cosas: alguien entró inmediatamente después, dejó algunos de los datos que aporté y repuso buena parte de los erróneos o maliciosos, de modo que conseguí dotar el texto de una credibilidad de la que antes carecía. Así que, o me metía en una guerra con editores anónimos o lo dejaba estar. Lo dejé estar y no he vuelto a pasar por la Wikipedia.

Una cosa es democratizar el conocimiento y otra, democratizar la verdad. Cuando se pone en manos de la masa, la verdad se reduce a un asunto de dinero, como la Wikipedia: una propiedad privada moldeable al gusto de quien pueda pagarla.

Publicado en La Voz de Galicia, 3.mayo.2014

Secuestros

Escrito por Paco Sánchez
28 de abril de 2014 a las 9:30h

Ciertos medios de comunicación insisten en que Francisco ha querido unir las canonizaciones de Juan Pablo II y Juan XXIII para restar protagonismo al papa polaco. Asentado este hecho improbable, sacan consecuencias: Francisco pretendería marcar distancias con respecto a la figura y el legado de Juan Pablo II, algo inverosímil a poco que se conozca la biografía del papa actual. Parece obvio, sin embargo, que Francisco juntó las dos canonizaciones por algo más que por ahorrar gastos. Mi teoría, probablemente equivocada, es que las unió para liberar a Juan XXIII de su secuestro.

En rigor, el primer secuestrado fue el Concilio Vaticano II, convocado e impulsado por Juan XXIII, decisivo para la historia de la Iglesia. Una vez concluido, y durante bastantes años, se ignoraron los documentos que produjo y, aludiendo a un etéreo «espíritu del Concilio», su mensaje fue tergiversado o directamente inventado, muy a menudo invocando a Juan XXIII. Al Papa bueno, de saberlo, le habría producido un dolor inmenso ver a sus supuestos partidarios arrojar su nombre contra la propia Iglesia. Otros, también muy pocos, desprecian el Vaticano II o lo tratan como si fuera un concilio de segunda. A estos les disgustan los dos nuevos santos de mañana. Y ambos, progres e integristas, prestan un servicio inestimable a la propaganda anticatólica.

Francisco quiere acabar con ese discurso ensimismado y estéril -autorreferencial, diría él- y centrarse en la nueva evangelización que Juan XXIII y Juan Pablo II proponían y ansiaban. Por eso, me parece, canoniza juntos a estos dos hombres santos, bendecidos con la devoción, la simpatía y el agradecimiento de millones de personas de buena voluntad.

Publicado en La Voz de Galicia,  26.abril.2014 

Las buenas inversiones

Escrito por Paco Sánchez
23 de abril de 2014 a las 11:37h

En el último Nuestro Tiempo. Empieza así:

La conversación me dejó algo inquieto, así que la rebobiné un momento para fijarla mejor en la memoria, y después tomé algunas notas en un cuaderno. Habíamos quedado para hablar de otros asuntos, sin embargo él empezó por ahí, no sé muy bien cómo: quizá sin introducción ni pretexto, abruptamente, en cuanto tomamos asiento en unos sillones rojos y blancos, de esos baratos que se compran desmontados. Total, que el hombre empezó a quejarse de que la gente ya no entiende las parábolas. Ni siquiera la parábola por excelencia, la del hijo pródigo: se ponen, me dijo, del lado del hermano mayor, el que se enfada. Le dije que no era difícil de entender la postura del hermano mayor. Incluso se entiende bien la del otro hijo. Ambos razonan en términos económicos, que nos resultan cercanos y familiares, y solo el padre rehúye ese esquema para acogerse a un paradigma distinto: el del amor, la misericordia y el perdón. Nos pasa mucho, le dije. Tendemos a juzgar en clave de coste—beneficio, lo justo y lo injusto, lo hermoso y lo feo, lo verdadero y lo falso, todo. (seguir leyendo)

Audiencia EGM abril 2014: España y Galicia

Escrito por Paco Sánchez
22 de abril de 2014 a las 9:29h

Primera procesión

Escrito por Paco Sánchez
12 de abril de 2014 a las 8:58h

Hasta hace tres o cuatro años, no me gustaban las procesiones de Semana Santa. Sentía respeto por su significado religioso y cultural, pero no las entendía: ni las castellanas, que me dejaron frío, ni la madrugá sevillana, que me produjo jaqueca. Pasé del respeto a la defensa cuando el discurso dominante empezó a acusarlas de atentar contra la pluralidad religiosa y el Estado laico o a pintarlas como un molesto botellón místico. Pero las defendía porque los argumentos en contra me parecían insidiosos.

Luego caí en la cuenta de que quienes recibieron a Jesús con hosannas y ramos el domingo no fueron los mismos que lo crucificaron el viernes. Los del domingo le acompañaban desde Galilea y le conocían, le habían escuchado lo de amar a los enemigos y poner la otra mejilla, le habían visto curar enfermos y perdonar pecadoras, habían sido testigos de su risa, de su llanto, de su sed. Habían sentido su mirada y la habían seguido. Estarían entre la turba que el viernes prefirió a Barrabás y pidió la crucifixión de Jesús, pero eran minoría: Jesús apenas había predicado en Jerusalén y, además, la ciudad estaba repleta de judíos procedentes de todo el mundo. Esos fueron los que, manipulados por el poder religioso y ante la cobardía del político, sin conocerlo, gritaron: ¡Crucifícale!

Después, sus amigos asistieron con dolor indescriptible a la primera procesión, la que terminó en el Calvario, la que las de ahora recuerdan. Cuando pasa una, me meto en la piel de aquella minoría absoluta aplastada por una muchedumbre que, sintiéndose justa, insultaba y escupía al más amable de los hombres. Y entiendo algo.

Publicado en La Voz de Galicia, 12.abril.2014

Sofisticados

Escrito por Paco Sánchez
5 de abril de 2014 a las 8:57h

Raramente leo novedades editoriales. No tengo prisa para perder el tiempo. Solo me animo con títulos recomendados por personas de cuyo criterio me fío. Así me llegó La cena, del holandés Herman Koch, una historia que no va de lo que parece. Quizá el autor tampoco sabía lo que estaba escribiendo, algo que hablaría muy bien de su honestidad literaria: sospecho del novelista que tiene demasiado claro su mensaje.

El argumento caracteriza lentamente a sus actores, de modo que solo al final los conocemos del todo. Koch juega con el lector, lo acerca y lo aleja de los protagonistas, con los que resulta fácil simpatizar: cultos, modernos, críticos de casi todo desde una visión acerada que el lector puede compartir, hacen ostentación permanente de una sencillez que, en realidad, resulta en sofisticación, como esos despeinados que requieren muchas horas de peluquería. Un retrato preciso de cierta clase de individuos que proliferan en la espuma intelectual y no tan intelectual de nuestros días, gente que en el fondo desprecia o ignora su cultura y se construye un montaje paralelo detrás del cual apenas queda nada, salvo la mera ironía y la crítica como sistema.

O peor, quedan solo instintos, que aun siendo muy naturales y, por tanto, buenos -me refiero, por ejemplo, al instinto paterno o materno-, degeneran en simple brutalidad si se los priva de una mínima solidez moral. Koch presenta el problema del proceso de embrutecimiento disimulado por el envoltorio llamativo de un refinamiento aparente, de una elegancia impostada. El final de La cena produce esa perplejidad tan propia de quien rechaza las consecuencias sin reconocer las causas.

Publicado en La Voz de Galicia, 5.abril.2014