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Entradas para la categoría ‘Columnas en La Voz’

Sin ganas

Sábado, agosto 6th, 2011

Los hospitales quitan las ganas de escribir. Ante el misterio del dolor humano, cualquier otro tema parece frívolo. Y la soledad. Cuánta gente, mayor y joven, que sufre sola, sin una palabra de afecto que llevarse a los oídos, sin una caricia que les caliente el corazón. Aunque por lo menos tienen, mientras nos duren, unos profesionales maravillosos para atenderlos. Los de Somalia, ni eso. ¿Qué acorchamiento permite leer esas noticias y olvidarlas?
En el 2009 Benedicto XVI hizo su primer viaje a África y allí denunció muchas cosas que los africanos le agradecieron y los europeos ni siquiera conocimos porque Francia y Bélgica, primero,  y Alemania después, se ocuparon de convertir aquella visita en un conflicto diplomático sobre… condones, pese a que sabían muy bien que lo que dijo el Papa distaba mucho de su traducción en titulares. ¿Tendría algo que ver con las políticas salvajes de Francia y Bélgica en África? ¿Algo que ver con la rebaja de la ayuda internacional en unos 30.000 millones al año? Por supuesto, aquí fueron jaleados por los grupos de siempre e incluso por el Gobierno, prestándose a una hábil estrategia comunicativa para acallar a Ratzinger.
Esos mismos grupos son los que ahora denuncian que los gastos de la Jornada Mundial de la Juventud estarían mejor aplicados en Somalia y aprovechan para criticar sin argumentos a quien antes silenciaron haciendo el caldo gordo al capitalismo cruel de ciertos estados y de ciertos fabricantes. Estaríamos ante una hipocresía gigantesca, si no se tratara de simple y llana estupidez. Y además, ¿de dónde creen que salen los cientos de miles de católicos que deciden enterrar su vida en África?

Bochorno

Sábado, junio 25th, 2011

Hay dos sentidos que caracterizan al buen gobernante: sentido común y sentido moral. No bastan por sí solos para garantizar una buena dirección, pero sin ellos cualquier liderazgo está abocado a la desgracia de gobernantes y gobernados. Sin sentido común, la acción directiva se convierte en algo disparatado, arbitrario, imprevisible, sin relación alguna –o solo accidental, por casualidad– con los objetivos que se pretenden conseguir. Sin sentido moral, se afrenta el bien más preciado, que es el bien común, el de todos, para someterlo a las necesidades de un único fin: retener el poder.
Algunas veces, para desventura de una sociedad, una empresa o un país entero, se juntan en el gobernante los dos sinsentidos: la falta de sentido común y la falta de sentido moral. Las  sociedades más avanzadas han instalado un detector rápido de este último: la sinceridad. No consienten a sus gobernantes la menor mentira y la castigan inmediatamente con una dureza que en otros lares asombra. Leía estos días las memorias de Ted Kennedy. A propósito de la deshonrosa salida de Nixon, recuerda la contundencia del castigo al presidente falsario y la vergüenza con la que se ejecutaba: a la alegría por el buen funcionamiento del sistema se unía el bochorno de un pueblo que se sentía deshonrado en sus instituciones.
Pensaba en este país, en este gobierno que, aunque se sabe rechazado, prolonga su agonía y la nuestra a la espera de no se sabe qué, y en que otros la aprovechan sin decoro ni sentido común, se ríen, y nadie hace nada ni se avergüenza de una deshonra, que no es del gobierno, sino sobre todo nuestra.

Confidencial

Sábado, junio 18th, 2011

Ya se sabe que en Internet abundan las noticias inseguras, por no llamarlas falsas. Por eso la red carece de la credibilidad de otros soportes noticiosos y la gente tiende a refugiarse en las marcas convencionales, las ediciones digitales de los periódicos, que garantizan un mínimo de seriedad. En la red proliferan, por ejemplo, confidenciales y blogs supuestamente informativos que, con excepciones, se leen poco y a los que se cree aun menos. Salvo en un caso que da que pensar: el de los confidenciales y blogs que se presentan como expertos en el mundo del periodismo. Hay más cada día y, en contra de lo que ocurre con los otros, son seguidos y creídos, pese a que sus destinarios, teóricamente, responden al perfil más incrédulo de occidente: nosotros, los periodistas.
Por raro que parezca, muchos de esos confidenciales y blogs publican abundante información completamente falsa. El tiempo termina demostrándolo, pero que recuerde, ninguno rectifica jamás ni nadie se lo echa en cara, pese a que su audiencia, insisto, está compuesta sobre todo por periodistas. Se saltan de manera habitual las reglas de esta profesión y hacen papiroflexia con su deontología: calumnias sobre comportamientos personales, rumores sin fundamento que llevan el nerviosismo a cientos o miles de familias, datos y cifras escuchados en tabernas y mal memorizados envueltos en una prosa moralizante y de autoridad impostada.
Esta descripción también sirve a veces para los medios convencionales, pero solo a veces, porque los lectores terminarían por no comprarlos. Algo falla en la educación de los periodistas –y me siento responsable– si nos hemos vuelto más crédulos que nuestros propios lectores.

Disculpas

Sábado, junio 11th, 2011

Me escribió ayer una enfermera para afearme algo que escribí en el artículo del sábado pasado. Ella lo extracta así: “Tanto los que trabajan con un alto nivel de abstracción como los que APENAS SIN FORMACION, se desenvuelven gracias a su habilidad física… (manipuladores de alimentos, camareros, auxiliares de enfermería, celadores y ENFERMEROS)”.  Después me explica muy amablemente que los enfermeros deben cursar tres años de carrera que, con el nuevo plan Bolonia, se convertirán en cuatro “como para el resto de los universitarios, periodistas incluidos”. Añade: “Si a esto lo llama trabajar sin apenas formación…”
Se ve que me expliqué mal y me duele, porque la enfermería –como he demostrado en otras ocasiones y en este mismo espacio– es una de las profesiones que más admiro. Lejos de discutir su formación, alabo el criterio de los expertos que cifran parte del remedio a la crisis de nuestro sistema de salud en que estos profesionales asuman algunas tareas para las que están perfectamente capacitados y que se reservaban hasta ahora solo a los médicos.
En la columna anterior no quería decir lo que se me atribuye y lamento mucho que mi corresponsal y otros profesionales de la enfermería se hayan sentido heridos. Basta con volver al texto para comprobarlo: la lista que daba correspondía a los empleos que serán más demandados en Estados Unidos en los próximos años, no a trabajos de gente sin formación. Entre ellos figuraban varios que no requieren formación teórica y algunos que precisan grandes habilidades en la atención de personas. La enfermería, obviamente, pertenece solo al segundo grupo, de la misma manera que otros pertenecen solo al primero.

Sobre empleo

Sábado, junio 4th, 2011

Coincidieron anteayer dos noticias: el descenso del paro –aunque en la misma medida que en mayo del 2010– y la ruptura de las negociaciones entre patronal y sindicatos en torno a la flexibilización del mercado laboral español, tan necesaria para que las crisis no se ajusten siempre por el mismo lado, el del empleo, con las terribles secuelas sociales que eso supone.
A la vez, leo un artículo de Alfredo Pastor, profesor del IESE, en el que advierte que las medidas clásicas no bastan para una buena política de empleo. Indica que se agudiza la polarización: el empleo y el salario aumentan en los dos extremos de la escala profesional. La razón parece simple: tanto los que trabajan con un alto nivel de abstracción y análisis como los que, sin apenas formación, se desenvuelven gracias a su habilidad física o su capacidad para atender a los demás son insustituibles, porque sus quehaceres no son rutinarios y resulta imposible automatizarlos o deslocalizarlos: “Manipuladores de alimentos y camareros, atención al cliente, conductores de grandes camiones, auxiliares de enfermería y celadores, recepcionistas, guardias de seguridad, albañiles, paisajistas, asistentes del hogar y enfermeros” serán los trabajos más demandados en Estados Unidos los próximos años. Sin embargo, los empleos medios –“administrativos, contables, operarios de máquinas, etc.”- se pueden automatizar con mayor facilidad y compiten con los salarios bajos de los países emergentes.
Quizá eso explique que, pese a su mítica flexibilidad laboral, Estados Unidos padezca ahora una tasa de paro elevada. El manido ramillete I+D, flexibilidad y formación profesional constituyen, desde luego, parte de la solución. Pero el problema parece mucho más complejo y requiere soluciones imaginativas.

Relacionados:  Otro mito de las políticas de empleo en discusión:  ¿Funciona vincular salarios y productividad? La experiencia USA

Básicos

Sábado, mayo 28th, 2011

El Consejo de Ministros aprobó ayer el proyecto de ley de igualdad de trato en el que se recoge, finalmente y pese a las reticencias del Consejo Fiscal, la prohibición de otorgar subvenciones públicas a los colegios que ofrezcan enseñanza diferenciada: es decir, aquellos que atienden solo a niños o solo a niñas. Parece que se ofrece un único argumento: la exclusión de los chicos en los de chicas, y la exclusión de las chicas en los de chicos. Varios tribunales han señalado ya que eso no puede considerarse por sí mismo discriminación. Pero a Leire Pajín y al gobierno del que forma parte no les importa. Supongo que lo siguiente serán las peluquerías, las tiendas de ropa masculina o femenina, el deporte, en fin…
La gravedad de la medida radica en una nueva reducción de las libertades: en este caso, la libertad de elección de las familias. La arbitrariedad se agranda al comprobar que afecta a unas ocho mil, que son muchas y pocas a la vez: muchas, porque restringir la libertad de uno sin motivo fundado ya es mucho –sobre todo cuando las leyes no prohíben ni prohibirán tal tipo de colegios– y pocos, porque ni siquiera cabe presentarlo como un ahorro en el conjunto total de familias atendidas por la enseñanza concertada.
Podrían haber aducido razones técnicas o pedagógicas, pero resulta que esos colegios tienen un porcentaje de fracaso escolar muy inferior a la media. Así que en esto, como en otras cosas, habrá que aguantar un nuevo “trágala” de quienes presumen día y noche de su supuesta tolerancia –originariamente, una práctica al servicio de las sociedades pluralistas– y se manifiestan, sin embargo, como intolerantes básicos.

¡Ay, lo nuevo!

Sábado, mayo 21st, 2011

Estos días he pasado mucho por donde acampan en número creciente los indignados. Me paré varias veces, escuché sus discursos, comprobé cómo cambiaba el paisaje humano según las horas del día, en fin, intenté hacerme una idea. Sin éxito. La noche del jueves al viernes pasé algo después de la una de la madrugada: estaban menos, de tertulia, algunos de pie, otros tumbados por el suelo. Gente joven de pinta muy variada, también en cuanto a los años. “Prefiero estos”, pensé. Porque un poco más allá, en los jardines, se oía el runrún, esa noche menos intenso, del botellón oficial.
Adelanto que no estoy a favor ni en contra de los indignados que han crecido estos últimos diez días en el centro de las ciudades. Pero les comprendo. Quizá no se trate de un movimiento tan espontáneo como ellos dicen, quizá estén movidos por hilos invisibles que se manejan desde una de las cloacas habituales, quizá todavía no tengan discurso o el que pronuncian resulte incoherente, quizá deberían haber emergido antes o después de la campaña electoral, pero quizá no en ella. Quizá. Pero entiendo que estén indignados, porque también yo lo estoy. Y sobre todo, entiendo que se rebelen, que para eso están los jóvenes, y ya iba tocando que salieran del aborregamiento del botellón, para mostrar lo propio de su edad: ideales. Aunque sean confusos, contradictorios o simplemente equivocados.
Lo relevante, me parece, es que contemplamos los albores de una nueva política, que como ocurre en otros ámbitos, poco tendrá que ver con la anterior. Y los de la anterior, como siempre ocurre, no quieren o no saben darse cuenta.

Desconectar

Sábado, mayo 14th, 2011

Hace treinta o cuarenta años, los gurús de entonces pronosticaban que íbamos hacia una sociedad del ocio: es decir, hacia un tiempo en el que se achicarían las jornadas laborales y se agrandarían como días de verano nuestros tiempos de descanso. Es lo que tienen los gurús, de eso viven, de equivocarse de palabra y por escrito intentando adivinar el futuro siempre impenetrable. Como cierto tipo de intelectuales, los gurús proliferan en nuestros días porque viven de la credulidad, ahora creciente, y de las crisis: de pronosticar crisis, de inventarlas o, en el mejor de los casos, de explicarlas. Pero salvo en unas pocas cosas obvias –si continúan impidiendo que nazcan niñas, efectivamente, los chinos tendrán un problema para casarse dentro de pocos años, como alguien ha escrito esta misma semana–, salvo esas relaciones de causa-efecto que muchas veces no se perciben o no se quieren percibir, salvo esas cosas, digo, el futuro continúa impenetrable y así debe ser.
De modo que todas aquellas teorías sobre la sociedad del ocio se han convertido ahora en teorías sobre la adicción al trabajo –allí donde lo hay– o sobre el mejor modo de desconectar, porque las nuevas tecnologías, con tantas ventajas, nos han traído también ese inconveniente: que ya no hay hora de salida del trabajo. Ni siquiera hay hora de entrada.  Uno está disponible y alcanzable en cualquier momento y lugar, salvo en los aviones, en días laborables y festivos, sobre todo cuando no coinciden con los de otras comunidades autónomas.
Así que si tienen puente y pueden, olviden el móvil sin querer en algún sitio o apáguenlo. Un poco, al menos.

Principios y fines

Sábado, mayo 7th, 2011

El lunes volvía de viaje y quise, por excepción, ver el telediario de la noche. En taxis y aeropuertos había seguido la secuencia informativa: primero, que habían matado a Bin Laden, después dónde, las primeras versiones del cómo, el destino del cadáver, etcétera. No sé qué esperaba del telediario, pero lo vi y empecé a desesperarme: la información nueva era poca, irrelevante o desagradable, como las manifestaciones llenas de alegría delante de la Casa Blanca y al grito de “¡USA!, ¡USA!”. Pero entonces entró en escena Gema García y trajo a la pantalla el testimonio refrescante de dos chicas españolas que estaban de paso en Nueva York y tenían cara de miedo o de susto. Quizá era solo respeto por la cámara. Una de ellas dijo en el tono justo, casi tímido, la frase que introdujo una sensatez consoladora en aquel informativo descabellado: “Alegrarse por la muerte de alguien no está bien, pero supongo que les producirá alivio”.
En la primera parte de su respuesta enunció un principio insuficientemente repetido esta semana: el Vaticano se quedó casi solo en la reprobación de las celebraciones. La segunda parte implica un intento de comprensión, de hacerse cargo. De alguna manera, aquella chica hizo lo contrario que Obama. El presidente se saltó los principios, quizá porque no le quedaba otro remedio o no supo encontrar mejor solución. En eso consiste exactamente el pragmatismo: en reconocer los principios y no aplicarlos, sin embargo, al caso concreto, o aplicarlos solo a los nuestros.
La chica actuó al revés: reconoció los principios, los subrayó –es indigno alegrarse de la muerte de alguien- y luego intentó comprender sin justificar. Pues eso.

Semanita

Sábado, abril 30th, 2011

Qué semana: un Madrid-Barça que continúa en una pelea interminable, tan nuestra, con denuncias ante la UEFA que ya hacen favorito al Manchester; Miguel Bosé se ha unido al grupo de ricos y famosos que ha comprado un par de niños –o los ha alquilado– a una madre americana para deleite del público; la boda real de Kate y William –imaginen, boda y real– seguida en directo por medio país, quizá, porque lo tiene más fácil con el paro en la frontera misma de los cinco millones según la EPA de ayer y, sin embargo, no acudirá a ninguna manifestación del primero de mayo, acaso porque está muy ocupado preparando el día de la madre, que coincide, y parece que las madres –como ha escrito José María Romera– ayudan más en esto del paro que los sindicatos que, además, apenas convocan.
La misma semana Obama tuvo que publicar su certificado de nacimiento, pero me llega noticia de que, según estudios fiables, es contraproducente demostrar la verdad, porque los anti incluso se reafirman.
Releí el comentario de Ratzinger al proceso de Jesús ante Pilato, que termina así: “La paz fue para él (Pilato) más importante que la justicia. Debía dejar de lado no solo la grande e inaccesible verdad, sino también la del caso concreto: creía cumplir de ese modo con el verdadero significado del derecho, su función pacificadora. Así calmó tal vez su conciencia. Por el momento, todo parecía ir bien. Jerusalén permanecía tranquila. Pero que, en último término, la paz no se puede establecer contra la verdad es algo que se manifestaría más tarde” (Jesús de Nazaret 2, p. 235).

ojd